Estamos a las puertas de una paradoja económica
y filosófica fascinante. En un mundo saturado de perfección digital, está ocurriendo un fenómeno inevitable: Cuanto más perfecta es la mentira, más costosa se vuelve la verdad.
Vivimos en la era del Deepfake y la post verdad. Nuestros ojos ya están viendo videos e imágenes de hechos que nunca ocurrieron y rostros que jamás existieron. La realidad visual está sufriendo una inflación de credibilidad; ya nadie cree en lo que ve. Y es justo ahí, en medio de esa crisis de confianza, donde nosotros, los fotógrafos de carne y hueso, encontramos nuestro tesoro más grande.
Nuestra profesión está evolucionando. Ya no somos simples "creadores de imágenes". A partir de hoy, nos convertimos en Notarios de la Realidad.
Piénsenlo detenidamente. Una IA puede generar una boda de cuento de hadas en un castillo de cristal flotante. La luz será perfecta, la composición áurea. Pero esa imagen tiene un defecto fatal: es fría.
La IA puede renderizar una lágrima, pero no estuvo ahí para saber por qué esa madre lloraba al ver a su hija vestida de blanco.
La IA puede simular la textura de una mano, pero jamás sintió el temblor nervioso del padre al entregar a la novia.
La IA puede dibujar cada arruga de un anciano, pero ignora la historia de dolor y alegría que talló cada surco en esa piel.
Nuestro nuevo rol trasciende la estética; es un rol ético y comercial. El mercado visual se está partiendo en dos océanos y en Chroma Spectrum sabemos navegar ambos:
El Océano de la Fantasía: Donde la IA reinará absoluta (publicidad onírica, arte conceptual, fondos imposibles). Allí usaremos la tecnología sin miedo.
El Océano de la Verdad: Donde el humano es, y será, insustituible. Hablo del periodismo, el documental, la fotografía social y el retrato corporativo.
En este segundo mercado, el cliente del futuro no nos pagará solo por una "foto bonita". Nos pagará por una Certificación de Existencia. Nos pagará el precio premium para que alguien con alma y ética profesional diga: "Yo estuve ahí, respira ese aire, y doy fe ante la historia de que este momento fue real".
Por eso, la firma de Jhon Chroma y la de cada uno de ustedes no debe ser solo una marca de agua; debe ser un sello de garantía. Una promesa de que, en un mundo de copias sintéticas, esa imagen tiene pulso.
Mi desafío para ustedes hoy es este: No se conforman con ser operadores de cámaras. Eso se acabó. Asuman la responsabilidad de preparar más que nunca. Estudien la luz, estudien la psicología humana, estudien la historia del arte. Porque para competir contra la perfección de la máquina, no necesitamos ser más perfectos... necesitamos ser más humanos, más profundos y más cultos.
La herramienta cambia, pero la misión es eterna. Aprendan a usar la IA, sí, dominanla. Pero nunca olviden que su superpoder no es generar píxeles. Su superpoder es capturar el alma.
Sean los guardianes de lo que realmente importa. El mundo nos necesita.
Lic. Dante Estela V.

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