Buscar la naturalidad. La artificialidad y la falta de
espontaneidad en una fotografía infantil resulta chocante en la mayoría
de los casos. Para que esto no ocurra, el mejor consejo es mantener la
naturalidad en las instantáneas e intentar captar las mejores imágenes, sin necesidad de obligar a los menores a mantenerse quietos o a colocarse de una determinada forma.
Al dejarlos actuar, nos regalarán por sí mismos fotos irrepetibles. "La
idea es fotografiar a los niños como son, no como nosotros pretendemos
que sean".
Elegir los momentos para fotografiar al niño. Retratar a un pequeño cuando tiene sueño, está enfadado,
o no desea que en ese instante lo hagan, suele ofrecer resultados poco
satisfactorios. Para lograr buenas fotos, es conveniente sacar la cámara en los momentos distendidos,
en los que ellos, aunque no colaboren, tampoco entorpezcan la labor del
que hace la instantánea.
Convertirse en uno de ellos. Para conseguir la espontaneidad ansiada en las imágenes infantiles, es importante que el niño no se sienta fotografiado. Para conseguirlo, el fotógrafo (sin soltar su cámara) puede participar en la actividad que realice como uno más y disparar cuando lo crea conveniente. "Jugar con ellos, charlar y colocarse a su alrededor" son algunas de las recomendaciones de Lackey, que propone otro truco infalible: "Iniciar con el pequeño una conversación que le fascine e intentar disparar continuadamente sin interrumpir la charla".
Ponerse a su altura. Tirarse al suelo, agacharse, tumbarse, etc. todo lo que haga falta para situarse al mismo nivel que el rostro del niño y que la cámara enfoque a sus ojos. Esta no es una regla inamovible. También se pueden obtener preciosas fotografías desde perspectivas insospechadas.
Atención a los fondos. Aunque el protagonista de la imagen sea el pequeño, un fondo inadecuado puede desmerecer una buena captura. No consiste en colocarle en el fondo más apropiado, sino de fijarse antes de disparar si este es favorable. Un ángulo diferente y el zoom para obtener planos más cercanos son otras buenas ayudas para centrar la atención en la cara del niño.
Cuantas más fotos, mejor. La tecnología digital permite disparar la cámara sin parar, sin miedo de agotar el carrete. Cuando se retrata a los pequeños, es aconsejable no olvidarse de la gran capacidad de las cámaras digitales y sacar tantas instantáneas como sea posible: se ampliarán así las posibilidades de obtener la imagen perfecta. Después, siempre habrá tiempo de borrar las que no sirvan.
Buscar un ayudante. El clásico "mira al pajarito" funciona. Para conseguir buenos retratos frontales, una buena idea es que otra persona se coloque detrás del fotógrafo para captar la atención de los niños con algo que les entusiasme. Así mirarán al frente y se les arrancará más de una bonita sonrisa.
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